Arte y Cultura Comunal

La Declaración Universal de Derechos Humanos afirma que no se puede realizar el ideal del ser humano libre, liberado del temor y de la miseria, a menos que se creen condiciones que permitan a cada persona gozar de sus derechos económicos, sociales y culturales, tanto como de sus derechos civiles y políticos.

Nombre: Gestión de Arte y Cultura Comunal
Ubicación: Ñuñoa, Reñaca, Viña, RM, Chile

Gestor Artístico-Cultural

septiembre 10, 2006

Vivencias de un Artista




Recuerdo haber llegado al hogar de la escritora viñamarina María Luisa Bombal, con mi madre, a la edad de 7 años y crecer bajo el alero de su familia.. María Luisa era la mayor por once meses de sus hermanas las gemelas Blanca y Loreto. Sus padres Blanca Anthés Prech y Martín Bombal Videla se preocuparon de formarla en los mejores establecimientos educacionales y es así como inicia sus estudios en 1916 en el Colegio de las Monjas Francesas de Viña del Mar.
Evoco haber llegado tomado de la mano de mi madre a ese chalet de líneas españolas, ubicado en una calle de álamos plateados, en cuyas grietas de sus troncos parecía que el tiempo hubiese grabado su historia. A la entrada de la casa un porche en arcos, jardines con distintas variedades de plantas, algunas en flor y un mosaico con la imagen de la Virgen de los Rayos con un farolillo encendido.

Era una casa elegante, lujosa con antiguos muebles tallados, espejos con marcos dorados, alfombras persas y sillas Luis XV.
Conocí a María Luisa Bombal cuando ella venía a pasar temporadas a Viña del Mar a casa de su madre. Hasta el año 1973 en que María Luisa después de enviudar de su segundo marido el Conde Raphael de Saint Phalle, llega a Viña y me nombra su secretario privado.
Aveces me traslado al pasado y la veo. Su sonrisa, su chasquilla, sus labios pintados de granate al igual que sus cuidadas uñas. En sus manos siempre un lápiz o un vaso de vino blanco. Otras veces sentada en la cocina, pidiendo consejos a mi madre.

Es así que atesoro maravillosos recuerdos. Gracias a esa familia tuve una bonita infancia y juventud, lo que aveces me reprocho, es no haber estudiado otra profesión, porque la de artista, es bella pero ingrata, trato de no ponerme triste ya que María Luisa decía que el demonio se apodera de las almas tristes.
Visitábamos a menudo al poeta Juan Guzmán Cruchaga, quién vivía en la Av. Perú, después de tomar onces, nos sentábamos tras los ventanales a mirar el crepúsculo, esperando el momento justo para extasiarnos con el rayo verde del ocaso, María Luisa decía que verlo traía buena suerte. Yo en aquel entonces escribía. María Luisa le llamaba divagaciones poéticas y me enseñaba a jugar con ellas. El poeta Juan Guzmán Cruchaga, quería conocer mis escritos pero yo nunca me atreví a mostrárselos.
Aveces la veía escribir, aunque últimamente, escritores le pedían prólogos, lo que no le permitía traducir su obra escrita en ingles “El Canciller”. Pienso, aunque muchos decían que su obra era exigua, solo 3 novelas, “La Ultima Niebla”, “La Amortajada” e “Historia de María Griselda” y algunos cuentos, entre ellos el más conocido “El Arbol”, hubiera merecido el Premio Nacional de Literatura, pero la fueron postergando por su enfermedad, el alcoholismo. Fallece el 6 de Mayo de 1980 en una sala común del Hospital El Salvador de Santiago. Sola.
Cuando falleció, yo estaba en Viña, no estuve a su lado, al saber que estaba hospitalizada, no creí que fuera tan grave, como lo lamento hoy. El destino lo quiso así, era el sino de su soledad.
Siempre recuerdo esa casa de 5 Poniente 77, que ya no está esa casa decorada de magia y enredaderas, caminos entre rosales y perfumes, para mi entonces, era una pequeña selva en donde escondían los conejos sus huevos de pascua.

La veo sentada al borde de una pileta en el patio trasero de la casa, con “La Ultima Niebla” entre sus manos, pensando en la dedicatoria que le he pedido, tal vez yo tendría 8 años. ¿Qué te pongo chiquillo? – Me pregunta- y yo le respondo: para José Luis, dos puntos parán, pan, pan María Luisa Bombal. María Luisa, se enoja, indignada me trata de insolente, como si yo hubiera dicho que no tenía imaginación.
Nuestro segundo encuentro sería 3 años más tarde. Yo la admiraba como persona, no manejaba en proporción quien era ella. La quería como niño, siempre hacía bromas, era divertidamente genial.
A mí me decía azote, cuando no la acompañaba. Me preguntaba ¿a dónde vas Lucho? No quiero que me dejes sola. Cuando le respondía que tenía que salir me decía: eres un azote.
Otras veces yo traía mi maquina de escribir, que me legara su madre y le preguntaba ¿A quien le vamos a escribir hoy?
Era tremendamente celosa, con sus escritos y me decía: Luis, aveces me llamaba así por que era el nombre de su personaje del cuento “El Arbol”, no seas escritor, es la profesión más solitaria que existe. Pinta, me gustan tus pinturas que me recuerdan a mi primer marido, el pintor argentino, Jorge Larco.
Mis recuerdos los he llevado siempre conmigo sin tener ya a nadie de ese pasado, con quien compartirlos. Por eso hoy me place con nostalgia traerlos al presente, recordando los días grises de invierno en esa calle de álamos que plateaban con el agua de lluvia, sus troncos grises… el gomero de 1 norte frente a Esval, donde un día sentados en un escaño me dice: “En un gomero así me inspiré para escribir en Buenos Aires mi cuento “El Arbol”


José Luis Gallardo Arteaga.
Viña del Mar, Chile

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